La Escuela de Padres tradicional no se adapta a los padres de la era digital

Dos amigas hablando por teléfono a las 10 de la noche.

Blanca: ¿Qué tal? Me han dicho que mañana hay una charla en el colegio sobre límites. ¿Tu vas?

Mercedes: Yo no tengo tiempo para eso. Te cuento mi día hoy.

Suena el despertador a las 7:00 de la mañana. No me lo creo. Los párpados me pesan 100 kilos. Anoche me desperté dos veces porque mi hijo Manuel se levanta desde hace unos días con pesadillas. No entiendo qué le pasa.

Mi hija María tenía hoy un examen de matemáticas y estaba en crisis. Que no quería ir al cole. No salía de la cama. Acabamos a gritos.

Llego al cuarto de Miguel, el pequeño, y se niega a ponerse el uniforme. Acabamos en una de sus rabietas. No sabes cómo son. No entiendo qué pasa, se opone por sistema. Tiene dos años y casi no podemos con él.

Un día de locos en la oficina . Antes de llegar a casa tengo que pasar por la farmacia y comprar dos cartulinas que necesita María y entrando por la puerta me pongo con los deberes. Baños, cenas y preparar la reunión de mañana que no he tenido tiempo en la oficina.

¿Tu crees que estoy para charlas en el colegio?

Dirigimos una escuela infantil desde hace 20 años y compartimos nuestro día a día con padres y madres. Nosotras también somos madres y sabemos de prisas, de crisis, de preocupaciones y de agobios.

Ser padres es el proyecto más importante de nuestras vidas. En el que invertimos más tiempo, más ilusión y más energía. Y al mismo tiempo el que más nos importa, el que más nos preocupa y en el que estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros.

Hay que cambiar “el chip”.

Resulta que hay TANTO que puede ayudarnos en un día como el de Mercedes.

una mayor exigencia en el día por diferentes circunstancias (y las pruebas para entrar en el nuevo equipo de rugby pueden ser una gran exigencia para Manuel), el cerebro tiene algo más de trabajo por la noche. ¡Cuanto cambia la historia si nosotros lo entendemos! Dejamos de sentirnos desconcertados. Dejamos de preocuparnos.

Resulta que María es muy exigente y perfeccionista. Siempre ha sido la mejor en matemáticas de la clase y han llegado dos niños nuevos a su clase que son magníficos matemáticos. Tiene miedo a fracasar. De pronto está fuera de su zona de su confort. ¡Qué magnifica oportunidad le brindan estos nuevos compañeros de conocerse mejor!. ¡Cuanto podemos ayudar para convertir esta experiencia en una de gran aprendizaje para María!.

Y Miguel está en plenos terribles dos. Entre los dos y los tres años los niños descubren que pueden pensar por sí mismos. Esto es lo que pasa. Todo un descubrimiento. Miguel es diferente de su madre. Y para auto identificarse se opone a todo. Comprueba una y otra vez que es así. Lo hace Miguel y lo hacen todos los niños de dos años. Por eso esta etapa se ha terminado llamando “los
terribles dos o la etapa de oposición”. Y al mismo tiempo su cerebro está en desarrollo y tiene unas características concretas que favorecen que la oposición acabe en rabieta. ¡Cuanto podemos ayudar a Miguel si tenemos unas mínimas nociones del funcionamiento del cerebro!

Todas estas situaciones pueden tener una lectura diferente. Y cuando los padres podemos hacer esta nueva lectura, cómo cambia la situación para nuestros hijos.
Y para nosotros.

¡Qué alivio entender que las pesadillas vienen a contarnos algo!

¡Qué regalo para María convertir su miedo al fracaso en inspiración y motivación ante el éxito de otros!

¡Qué descanso para Mercedes y su hijo Miguel pasar por los terribles dos con más herramientas y recursos!

Necesitamos guía y orientación como padres. Pero también necesitamos flexibilidad en los horarios, métodos que nos faciliten lo que debemos conocer, pasarlo bien mientras aprendemos, compartirlo…

Necesitamos una especie de “Netflix” del Parenting. Videos que pueda ver cuando tengo tiempo. A mi ritmo. Parar si surge algo. Retomar mientras espero en el dentista a que le empasten la muela a mi hijo. Compartir con otros padres desde cualquier dispositivo o lugar en el que me encuentre.

Necesitamos reinventar el concepto de escuela de padres. Dejar de pensar en charlas en colegios a las que llegamos agotados y con la cabeza “como un bombo”, para convertirlas en una mañana de sábado en la cama viendo un video de 20 minutos. Un video que, por ejemplo, va a poner luz sobre el caballo de batalla que son los límites desde que mi adorada niña se ha convertido en una
adolescente.

No tenemos que conformarnos con el malestar, con vivir preocupados, con sentirnos solos y perdidos, con no entender, con sufrir de más,…

Estamos preparados para vivir una nueva experiencia de ser padres. Una más coherente, eficaz y gratificante.

Natalia y Rebeca
Método WINN

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