Nuestra maestra hoy es Martina. Una niña de 5 años

Esta mañana, en la escuela que dirigimos, una madre nos ha contado algo sobre su hija que sencillamente nos ha emocionado.

Su hija termina este año la etapa de infantil en nuestra escuela y el próximo curso empieza primaria en su nuevo colegio. Su madre le pregunta: “Martina, ¿estas nerviosa con el cambio de colegio?.”

Martina le responde: “Pues un poco mamá, pero hay dos cosas que me ayudan mucho. La primera es que mi hermana mayor está en el colegio nuevo y eso me tranquiliza. La segunda es que Rebeca me ha enseñado a respirar.

Y ya he comprobado que si estoy nerviosa, respiro como ella me ha enseñado y me tranquilizo”.

La sabiduría de los niños abruma. Martina, con 5 años, tenía claro que con esas dos cosas iba a afrontar el reto de su nuevo colegio. Su hermana en el exterior para darle seguridad y su respiración como camino a su interior para encontrar la calma.

Nadie se lo había explicado. Fueron sus experiencias las que le hicieron llegar a esta maravillosa conclusión.

En nuestra escuela enseñamos a los niños a respirar desde que tienen dos años. Les mostramos cómo poniendo sus manos en la tripa sienten cómo su tripa se hincha al inspirar y se deshincha al expirar.

Y así, conectados a ese movimiento y a su propia respiración, encuentran de una manera asombrosa la calma.

Conectan con esa lugar de paz que todos tenemos dentro y al que podemos acudir siempre que lo necesitemos. Es fascinante ver cómo, en cuestión de segundos, su cara va cambiando. Sus facciones se van relajando y su cuerpo también.

Que nuestros hijos puedan experimentar que su vida transcurre entre el afuera y el adentro, entre el exterior y el interior, es un auténtico regalo.

El problema es que el exterior nos consume. Y deja poco tiempo para nuestro interior.

Pero resulta que cuando nos convertimos en padres, llegan a nuestra vida maestros a nuestra medida. Nuestros hijos vienen a mostrarnos todo aquello que necesitamos ver, que necesitamos revisar, redefinir, redescubrir,…

Y una de esas cosas que necesitamos ver es que para tomar contacto con nosotros mismos, el primer paso es parar. Contemplar.

El problema es que nosotros paramos, pero nuestra mente sigue a toda máquina.

Vamos en coche pensando:

“Esta tarde tengo que pasar por la tintorería al salir de la oficina. No se si hay patatas en casa y hoy vamos a cenar tortilla. Que no se me olvide que a Marta le toca la vacuna el mes que viene.”

Y al mismo tiempo seguimos pensando:

“No entiendo por qué a mi hermana le molestó tanto lo que le dije ayer. Era una sugerencia simplemente. Anoche me quedé dándole vueltas a lo que me dijo y no consigo entender su reacción.”

Hoy hace un sol espléndido. Madrid está con ese cielo azul que es la envidia de tantas ciudades. Además, la primavera está siendo espectacular y los árboles y las flores están en todo su esplendor. En la radio suena tu canción favorita. ¡Y te lo has perdido todo!.

No has estado atento ni al cielo, ni a las flores, ni a la música. La cabeza danzando entre el futuro y el pasado, y perdiéndose el presente.

Los niños son presencia pura. Auténticos expertos del momento presente. Siempre en lo que está pasando, disfrutando del momento.

Constantemente nos hacen ver que nosotros nos hemos ido del presente. Son como “despertadores del ahora”.

“Mamá no me estás haciendo caso. No me estás escuchando. ¿En qué piensas?”

“Papá mira ese coche, mira ese perro, mira las nubes,…”

Aprendamos de ellos. Hagámoslo consciente. Cada vez que nos traigan almomento presente tendríamos que darles las gracias. Agradecerles que nos hagan mirar el cielo, que nos recuerden que no podemos escucharles porque no les estamos prestando atención. Si cada vez que nos lo recuerdan nos tomamos unos segundo para agradecerles, estaremos no solo obligándonos a conectarnos con el ahora, sino mostrándoles que reconocemos que su fórmula es la correcta. Porque como nuestros hijos nos quieren tanto acabarán haciendo lo mismo que nosotros. Y lo nuestro ya tenemos comprobado que funciona regular.

Empecemos a respirar con ellos. Empecemos a disfrutar del ahora como ellos.

Agradezcamos las grandes lecciones que nos vienen a traer.

Natalia y Rebeca
Método WINN.

La Escuela de Padres tradicional no se adapta a los padres de la era digital

Dos amigas hablando por teléfono a las 10 de la noche.

Blanca: ¿Qué tal? Me han dicho que mañana hay una charla en el colegio sobre límites. ¿Tu vas?

Mercedes: Yo no tengo tiempo para eso. Te cuento mi día hoy.

Suena el despertador a las 7:00 de la mañana. No me lo creo. Los párpados me pesan 100 kilos. Anoche me desperté dos veces porque mi hijo Manuel se levanta desde hace unos días con pesadillas. No entiendo qué le pasa.

Mi hija María tenía hoy un examen de matemáticas y estaba en crisis. Que no quería ir al cole. No salía de la cama. Acabamos a gritos.

Llego al cuarto de Miguel, el pequeño, y se niega a ponerse el uniforme. Acabamos en una de sus rabietas. No sabes cómo son. No entiendo qué pasa, se opone por sistema. Tiene dos años y casi no podemos con él.

Un día de locos en la oficina . Antes de llegar a casa tengo que pasar por la farmacia y comprar dos cartulinas que necesita María y entrando por la puerta me pongo con los deberes. Baños, cenas y preparar la reunión de mañana que no he tenido tiempo en la oficina.

¿Tu crees que estoy para charlas en el colegio?

Dirigimos una escuela infantil desde hace 20 años y compartimos nuestro día a día con padres y madres. Nosotras también somos madres y sabemos de prisas, de crisis, de preocupaciones y de agobios.

Ser padres es el proyecto más importante de nuestras vidas. En el que invertimos más tiempo, más ilusión y más energía. Y al mismo tiempo el que más nos importa, el que más nos preocupa y en el que estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros.

Hay que cambiar “el chip”.

Resulta que hay TANTO que puede ayudarnos en un día como el de Mercedes.

una mayor exigencia en el día por diferentes circunstancias (y las pruebas para entrar en el nuevo equipo de rugby pueden ser una gran exigencia para Manuel), el cerebro tiene algo más de trabajo por la noche. ¡Cuanto cambia la historia si nosotros lo entendemos! Dejamos de sentirnos desconcertados. Dejamos de preocuparnos.

Resulta que María es muy exigente y perfeccionista. Siempre ha sido la mejor en matemáticas de la clase y han llegado dos niños nuevos a su clase que son magníficos matemáticos. Tiene miedo a fracasar. De pronto está fuera de su zona de su confort. ¡Qué magnifica oportunidad le brindan estos nuevos compañeros de conocerse mejor!. ¡Cuanto podemos ayudar para convertir esta experiencia en una de gran aprendizaje para María!.

Y Miguel está en plenos terribles dos. Entre los dos y los tres años los niños descubren que pueden pensar por sí mismos. Esto es lo que pasa. Todo un descubrimiento. Miguel es diferente de su madre. Y para auto identificarse se opone a todo. Comprueba una y otra vez que es así. Lo hace Miguel y lo hacen todos los niños de dos años. Por eso esta etapa se ha terminado llamando “los
terribles dos o la etapa de oposición”. Y al mismo tiempo su cerebro está en desarrollo y tiene unas características concretas que favorecen que la oposición acabe en rabieta. ¡Cuanto podemos ayudar a Miguel si tenemos unas mínimas nociones del funcionamiento del cerebro!

Todas estas situaciones pueden tener una lectura diferente. Y cuando los padres podemos hacer esta nueva lectura, cómo cambia la situación para nuestros hijos.
Y para nosotros.

¡Qué alivio entender que las pesadillas vienen a contarnos algo!

¡Qué regalo para María convertir su miedo al fracaso en inspiración y motivación ante el éxito de otros!

¡Qué descanso para Mercedes y su hijo Miguel pasar por los terribles dos con más herramientas y recursos!

Necesitamos guía y orientación como padres. Pero también necesitamos flexibilidad en los horarios, métodos que nos faciliten lo que debemos conocer, pasarlo bien mientras aprendemos, compartirlo…

Necesitamos una especie de “Netflix” del Parenting. Videos que pueda ver cuando tengo tiempo. A mi ritmo. Parar si surge algo. Retomar mientras espero en el dentista a que le empasten la muela a mi hijo. Compartir con otros padres desde cualquier dispositivo o lugar en el que me encuentre.

Necesitamos reinventar el concepto de escuela de padres. Dejar de pensar en charlas en colegios a las que llegamos agotados y con la cabeza “como un bombo”, para convertirlas en una mañana de sábado en la cama viendo un video de 20 minutos. Un video que, por ejemplo, va a poner luz sobre el caballo de batalla que son los límites desde que mi adorada niña se ha convertido en una
adolescente.

No tenemos que conformarnos con el malestar, con vivir preocupados, con sentirnos solos y perdidos, con no entender, con sufrir de más,…

Estamos preparados para vivir una nueva experiencia de ser padres. Una más coherente, eficaz y gratificante.

Natalia y Rebeca
Método WINN